EL FENÓMENO DE LA RADIODIFUSIÓN

La radio alcanzó su mayoría de edad  en la década 1931-1940. Fueron años gloriosos de una concepción radiofónica espectacular, fruto tanto de la “juventud” del medio, como del alarde de imaginación de cada emisora para encontrar nuevos espacios atractivos a sus oyentes y a los de la competencia. Después, la II Guerra Mundial y la televisión modificarían el campo de actividad de la radio.

Aunque con la impronta de unos orígenes  y de unas sociedades muy distintas, las grandes emisoras británicas y estadounidenses, sobre todo, consiguieron crear un auténtico estilo radiofónico, muchas veces improvisado y siempre palpitante, no solo en los temas periodísticos, sino incluso en las retransmisiones cada vez mejores y más frecuentes de conciertos, obras dramáticas o espectáculos de variedades.

Del esfuerzo de imaginación por ganar audiencia, acercando los programas a los problemas o a los motivos de diversión del gran público, surgirían los primeros presentadores, showmen y comentaristas radiofónicos. Pero, sobre todo,  fue el período de eclosión de los intrépidos reporteros que, micrófono en mano, eran capaces de entrevistar tanto a los simples peatones como a los políticos, literatos y artistas más famosos, o de relatar en directo las incidencias de cualquier acontecimiento. Los documentos sonoros de la actualidad de aquella época son ya legendarios.

El punto culminante del nuevo periodismo radiofónico lo marcaría, el 30 de octubre de 1938, la versión para la radio, mitad serial, mitad obra escenificada, que dirigió Orson Welles de La guerra de los mundos, una novela escrita por H.G. Wells en 1898. La emisión tuvo lugar  desde el Mercury Theatre de Nueva York para todas las estaciones de la CBS, y fue realizada con tal verismo dramático, que casi dos de los seis a doce millones de oyentes creyeron cierta la invasión de la Tierra por sanguinarios marcianos y generaron una fantástica reacción de pánico colectivo.

Por último, la década 1930-1940 sería también testigo de la expansión internacional de la radio, a caballo de los enlaces entre las grandes potencias coloniales y sus dominios efectivos o ambicionados. Gran Bretaña, por ejemplo, pionera de esta radiodifusión exterior, inauguró sus emisiones “para todos los pueblos del Imperio” (según palabras del rey Jorge V) en diciembre de 1932, a través de un Empire Service (antecedente del World Service) que cubría todas las colonias británicas repartidas en cinco zonas (África occidental, Suráfrica, Australia, India y Canadá).

Posteriormente, en 1938, el servicio internacional de la BBC comenzó su emisión de boletines de noticias para otros países en su lengua respectiva (español, francés, italiano, alemán, árabe), algo similar a lo que, mediada ya la década, harían la Unión Soviética y la Alemania hitleriana con sus programas de propaganda.

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